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sábado, 1 de septiembre de 2007

CARLOS HUGO GARRIDO CHALEN

He querido traer a mi espacio este artículo del poeta, abogado y periodista peruano, Garrido Chalen por la importancia que tiene su discurso. No es menos cierto que nuestros presidentes latinoamericanos tradicionalmente tienen una común y enfermiza costumbre: la de padecer amnesia ante los problemas del pueblo a quien representa una vez tomado el poder. Es el perdón la puerta que los salva ante la Historia?. Solamente pregunto. Próximamente dedicaré una página a la obra literaria de este periodista..

GÁRGARAS DE RETORICA ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦

Ha pasado regular tiempo, desde que el presidente Alan García hablara en el congreso con motivo de las Fiestas Patrias, pero la oposición sigue recordando esa larga pieza oratoria, a la que consideran finas “gárgaras de retórica”, no regurgitables y hasta utópicas, sopa de palabritas adornadas con aliños efectistas, una especie de mango con leche, licuado para favorecer el güergüero de una población no siempre preparada para digerirla. Personalmente no sé si en efecto, fue gárgaras de limón con nabo, para curar el gaznate y matar la ronquera, el asma, el silbo de pecho de una población dolida y esclerótica del bolsillo, una pieza oratoria o jarabe de lengua - preparada por el mandatario para reponer energías perdidas o acaso el entrar en clinch con las fuerzas más oscuras de una oposición que huele a tole tole y a garbanzo macho. Pero, a mí me gustó y debo decirlo después del tiempo transcurrido - cuando Alan, bajado de su trono, pidió perdón a los maestros por haberles, en un exceso injustificable, dicho “comechados”. Por que se puede comer “parados”, “sentados”, pero “echados” jamás. Eso es insulto. Y entonces la alusión dolió como patada en poto de escaldado. Y los maestros sintieron que la ofensa resumía toda una secuela de desprecios históricos, que acababan por maximizarse en sus sueldos miserables. Y como dicen que el pedir perdón es un milagro, nuestro Gene Autri cholo, como que se curó en santidad, y por obra y gracia de una buena consejería, la ofensa se convirtió en mancha de tiza, y con una buena sacudida, se volvió invisible. Los maestros, se dieron por satisfechos, rogando a Dios que para la próxima, la ofensa no se repita, para no tener que recordar a la abuela del gobernante, que también fue maestra. Gárgaras de retórica o no, jarabe de pescuezo o si, la oportunidad del discurso, fue buena, para soñar y olvidar los tiempos de la camorra perpetrada. Alan recuperó el copete y sus modales olvidados y esas maneras suyas que a veces lo hacen ser picón, sin proponérselo - y los maestros su honra aquiescente, mancillada. Aunque los del SUTEP sostienen, que la mancha es imborrable, imposible de desprender, y que el perdón tiene el cinismo endemoniado de un calzoncillo de chofer interprovincial; y no hay posibilidad de saber cómo es que huele. Lo de “comechados” en todo caso, será una frase para la historia nunca escrita y transcurrida. Y aunque la frase será aquí y allá todo un insulto, siempre más allá de la ofensa, habrá una disculpa y un perdón para ganar la batalla. Y es que así es el mundo. Y como el nuestro es el país de la maravilla, habrá un milagro esperando para cada caso, al final de un buen discurso. Que será gárgaras de elocuencia, jarabe de culantro, entrevero de retórica para que los ofendidos se sacien, pero que ha servido para ponerle tranca al despelote. Bien entonces por todos, por los gobernantes y por los maestros gobernados, por las formas de una política que no tiene por qué ser oficio de paquidermos, o ceremonial de badulaques. Por que los “comechados” no existen. Ahora todo el mundo come rico “parado”, “sentado” o de “costado. (*) Abogado, poeta y periodista.

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